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Murió mi canario
Murió mi canario,
la dicha de mi mujer,
y el dueño del vecindario.
Pa’ la acacia
de mi sentimiento,
murmullos vuelco.
Para el roer de mis huesos,
palo firme de hembrero
tengo.
Y arden las astillas
del remordimiento,
del amor sincero,
del que ya no cabe
porque ya está muerto.
Que murió deprisa,
como nació fresco.
Como todos; supongo.
Como el del sereno:
encendiendo la noche
con ávidos ecos
de llaves secretas
con olor a sexo.
(Homenaje a uno de mis mejores amigos, y de quien soy activo fan, para: Cazador Novato, de Cupidito)
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