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Charcos de orgullo
En el delirio de la noche drogadicta
Aún henchida en todos los vicios y defectos
Suspiran guitarras y gimen bocanadas
Y el cajón aporreado de madera oxidada.
Aquí sufre el monstruo que hay en mí por devoción
Putrefacto ser que habita no muy lejos del olvido
Siempre ahorcado en el sí sostenido desafinado.
Porque ya no ladran los teléfonos ni los buzones
Las palabras siempre dejan cosas por decir y ahora
Simplemente no existen nuestras voces
Ni tú, ni yo y ni mucho menos, nosotros
Porque ahora hemos borrado como si fuera fácil
Los recuerdos de un verano inolvidable.
Y es mí jactancia, mí rencor, el que enmudece las palabras
Mí soberbia, mí chulería, mi no necesitarte
O al menos eso creer
Mi arrogancia, mi autosuficiencia, la que habita
En el monstruo que mora mis entrañas
Y es mi odio, mi encono, mi malquerencia
La que me prohíbe mirarte a los ojos y admirarte
Son estos charcos de orgullo los que no me dejan hablar
Por eso te dije adiós
… y nada más…
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