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Cauces sedientos
En el canto de piedra de tu adusta ventana,
he dejado mis sueños que son cauces sedientos
al acecho de tu alma, como mis pensamientos
que como las estrellas huyen por la mañana.
Vierte en ellos tus lágrimas, adorable sultana
una vez y mil veces; pero sin desalientos.
Ya verás que tan luego de unos cuantos intentos
a mis ríos de besos el amor los hilvana.
Cuando al fin, alertada de mis voces al ruego,
te desprendas volcando tu soledad en mí,
ya verás con qué bríos mi corazón te entrego
y sabrás que los besos que en tus labios te di
eran besos de nieve que llenaste de fuego
y serás de mi vida lo que yo siempre fui.
Heriberto Bravo Bravo SS.CC
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